Siempre os decimos cómo tenéis que tratar al cliente, lo mal que está no darle preferencia, etc. En este artículo os ilustramos con los mejores ejemplos posibles para haceros llegar el mensaje del concepto que siempre estamos hablando: el cliente es muy importante.

Gringo Naco

Con el auge de la moda del “american dinner”, Gringo Naco era un restaurante o food truck que ofrecía una carta de productos exquisitos, al parecer, con los que poder brindar un sabor espectacular a los consumidores.

Cuando tu negocio tiene redes sociales, te expones a que muchos consumidores publiquen lo mal o bien que actúas. Es aquí donde se le desmorona a esta empresa el castillo. Un cliente realizó un pedido a domicilio y sus patatas llegaron frías; tal fue su descontento que, en forma de respuesta a Gringo Naco, lo publicó en Facebook.

El cliente obtuvo una respuesta que se lavaba las manos: “El pedido salió caliente de nuestro restaurante, si le llegaron frías fue problema del repartidor, no de nosotros”.  Tal fue la bronca, que el Community Manager se río públicamente del cliente en Facebook con memes y sarna varia.

La cosa terminó muy mal para la empresa, toda la gente se puso de parte del cliente.

Delta Airlines

Hace unos meses, todos vimos cómo esta aerolínea echó a la fuerza a uno de sus pasajeros por cometer un error de logística, provocando que tuvieran que desalojar, de forma aleatoria, a un pasajero. El pasajero no accedió por las buenas, por lo que tuvieron que echarle “a patadas”. Todo esto fue grabado y colgado en Twitter, lo que no tardó en generar críticas y opiniones en contra de la aerolínea.

¿Echar a un cliente a la fuerza por un error propio? Delta no sabe lo que es servicio al cliente, ni si quiera sabe gestionar su propia logística.

Liberty Kitchen

Un caso parecido a Gringo Naco, pero mucho más light. Liberty Kitchen es un restaurante “gourmet” basado en la comida americana, pero un cliente no entendió bien el concepto. Éste pidió Ketchup para su hamburguesa, algo que no le hizo gracia al chef, el cual mandó a una camarera para que le dijera que “no necesita kétchup porque ya lleva su salsa”.

Todo se saldó con un pequeño cuenco de kétchup y media cocina riéndose del comensal, algo que no le hizo nada de gracia.

 

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